Las 7 Represiones infundadas

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Recibimos recientemente un mensaje por una de las redes sociales que decía “se que estas muy ocupado… tal vez se te haga de lo más extraño… tengo un problema muy serio y no puedo decirle a nadie, y no se que hacer… no se con quien puedo contar y no se como manejarlo… Apenas nos conocemos de pocos momentos pero no se a quien recurrir…. necesito ayuda …”.

La primera impresión fue, cuan grave puede ser lo que le está pasando a esta persona que se sale radicalmente de su zona de comodidad en búsqueda de una posible solución. La segunda fue ¿cuál es la verdadera razón del envío del mensaje?.

Fueron unas horas más tarde que respondimos e indicamos que no teníamos problema con llamarla mas tarde en el día.

El diálogo se llevó acabo sin inconvenientes, hubo una serie de preguntas claves las cuales escuchar las respuestas nos percatamos que lo que no estaba envuelto algo de vida o muerte, que era solo una situación con solución.

Luego del proceso de indagar un poco más era como estar escuchando el libreto que componen la inmensa mayoría del tiempo las personas que llevan compartiendo un tiempo razonable, la zona intransigente de la comodidad.

Es ese espacio en donde la rutina es una excusa justificada, las expresiones espontaneas de las emociones toman unas vacaciones infinitas, y en donde el esfuerzo de ser relevante se posiciona al final de las prioridades, ya que el objetivo de estar al lado del otro se cumplió.

No perdamos de perspectiva, que en ese mismo proceso en donde las expectativas toman el volante de los pensamientos, las especulaciones se materializan aunque no hayan tenido evidencia alguna y la fantasía comienza a manifestarse sin un rumbo fijo.

No se equivoquen, muchos de nosotros hemos estado ahí, en ese espacio en donde no es hasta que nos mueven el árbol de lado a lado y nos caemos de la rama más alta, cuando nos percatamos de esta realidad.

Escuchamos las inquietudes de esta persona apasionada, genuinamente preocupada y deseosa de vivir rodeada de armonía, pasión y propósito. También nos percatamos que los acuerdos iniciales que la llevaron a estar en la relación ya eran obsoletos.

De hecho en el transcurso del dialogo honesto y sin inhibiciones nos percatamos que había incorporado a su “rutina” la tolerancia ilimitada de cosas que no habían sido negociadas, y que se convirtieron en un hecho “por el bien de la relación”.

A esto se junta su inacción ante la incertidumbre, el silencio premeditado, y su paciencia con fundamento ilusionado, la cual la había llevado a la especulación desenfrenada de hechos sin evidencias.

La solución inmediata fue sustituida y hasta se convirtió en su consistente excusa, que fue “que tal si no hablamos y le damos tiempo al tiempo” esperando a que por osmosis se arreglarán las cosas.

Su esperanza residía en la confianza quebrantada, en que la otra parte de la ecuación se diera cuenta por arte de magia, de lo que ella sentía y que tuviera la habilidad de descifrar los cuentos que se habían alojado en su cerebro.

Luego de algunos intercambios sencillos y poderosos, se percató que sus emociones estaban revueltas, que la razón no estaba en su mejor momento y que mucho menos estaba en un lugar en donde la apoyaría.

A parte de esto, su imaginación estaba corriendo desenfrenadamente sin rumbo en un círculo vicioso.

Fue en una introspección llena de silencio, la cual le permitió que su mente se apaciguara y la razón regresara a su entorno inmediato, cuando dio paso a que la posibilidad de una renegociación colectiva, para el beneficio de las partes, fuera una opción real.

Eso a su vez, dio paso a que el diálogo entre las partes se facilitara sin dramas, sin que las emociones estuvieran revueltas y con una clara convicción del propósito del mismo.

El mismo permitió que se pudieran hacer preguntas que aquietaban su mente, y que eliminara todo tipo de prejuicio especulativo, para que el proceso de escuchar fuera uno agudo e indispensable.

Esto permitió que las respuestas se aclararan, las dudas se disiparan, y que los anhelos y deseos se pusieran en prioridad.

Fue entonces cuando nos confiesa que se percató que en todo momento estaba rodeada de alternativas disponibles que le servían, pero que había escogido taparse los ojos ante su presencia.

Días más tarde nos expresó su profundo agradecimiento por haberle acompañado en su despertar, y sobre todo nos compartió algunas de sus lecciones.

1) Que la especulación es la madre de la inventiva, el verdugo de la esperanza y la asesina de la realidad.

2) Que el dialogo sin expectativas, sincero, sin libretos, abre las puertas para que los sentimientos afloren y se clarifiquen las ideas.

3) Que aunque es importante estar rodeado de personas que queremos, a lo que nosotros le damos prioridad, no necesariamente sea lo mismo para ellos.

4) Lo bailado no se lo quita nadie, y en el momento en donde nos cohibimos de hacer, sentir y experimentar, nos alejamos de la bendición que nos brinda el Universo de vivir en plenitud.

5) En el peor de los escenarios, las situaciones difíciles lo que nos hacen es recordar que la esencia natural ineludible del ser humano es ser feliz.

6) Que solo conocemos lo que está en esta existencia, y de aquello que hemos vivido hasta ese momento. Que todos desconocemos si existen otras vidas, si volvemos o si resucitamos, así que lo mejor que debemos de hacer es prestar más atención al ahora. 

7) Que el estar presente no es negociable, ya que lo que dejamos de hacer hoy, aquí y ahora, no regresará, ya que el tiempo se lo llevará sin piedad alguna.

Que tal si dejamos de estar imponiendo represiones infundadas que el mundo nos ha vendido como ciertas.

Que tal si nos liberamos de la falsedad que nos dice que nuestras experiencias tienen de poder secuestrar nuestro futuro.

Que tal si nos damos permiso, sin tiempo alguno, a experimentar, potenciar, gozar y explorar quienes realmente somos y dejamos atrás las cadenas que alegadamente nos atrasan.