Me cambiaron las preguntas

 

questions-aheadJusto cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas.

Ese el pan nuestro de cada día, especialmente si somos de esas personas que nos emocionamos y celebramos cuando encontramos la respuesta a una de esas miles de preguntas que nos hacemos diariamente sobre la vida.

Si.  Nos referimos a esa respuesta que nos costó mucho entender, ver las señales y entender el juego sutil de la vida.  Es en ese momento donde adquirimos ese “supuesto” poder de “controlar” algo en nuestras vidas. Es como un derecho adquirido por haber vivido en esta existencia, y hasta nos sentimos privilegiados de tener esa única respuesta.

Lamento decirles que desgraciadamente eso es una vil mentira, la que la inmensa mayoría del tiempo nos la creemos.  Caemos en esa “trampa” o “ilusión” y por la cual la vida nos pone a prueba mediante la misma.

La misma tiene la intensión de llevarnos a creer que tenemos un supuesto poder sobre-humano, en donde alegadamente podemos controlar una de todas las circunstancias que están a nuestro alrededor.

Es ese pequeño éxito momentáneo que experimentamos en pocas ocasiones, el que nos lleva a descifrar uno de los grandes misterios de la vida, en donde contestamos algunas respuestas correctas, las cuales nos llevó a asumir que hemos aprobado una parte del examen de la vida.

El fantasear con la idea de haber encontrado alguna respuesta correcta en un momento determinado, nos lleva a pensar en un cuento de hadas en donde tenemos un “control absoluto” de nuestra vida. Es esa falsa premisa la cual nos creemos, la que nos lleva por el camino de la amargura, sufrimiento y por el sendero de las frustraciones.

Por un instante llegamos a pensar que por fin “tenemos” las respuestas a esas preguntas que la vida nos hace y que por ende “tenemos” un poder que mas nadie tiene.

Nos creemos invencibles. Entendemos que ese poder nos brinda una ventaja competitiva sobre los demás, que es un arma secreta la cual nos ayudará a controlar esa situación en particular.

Es en ese momento de confusión que se nos ciega la razón y nos deja en estado congelado, como un tempano de hielo, es donde nos volvemos un ocho, nos desquiciamos, y la única opción es comenzar de nuevo.

El que la respuesta nos haya ayudado en un momento determinado, no es causa suficiente para creer que nos volverá a sacar de una situación futura que ya no existirá, que queda en el pasado y es inoperante.

Nos olvidamos que la vida no está diseñada para que estemos buscando respuestas a todas nuestras preguntas. Ni tampoco estamos en un salón de clases permanente en donde tenemos que estar aprobando exámenes constantemente.

Olvidamos que el vivir, es el conjunto de situaciones peculiares que nos suceden, en combinación en como la experimentamos y por último como las deseamos ver.

El saber o no una respuesta a una de esas preguntas no es lo importante, por el contrario, debe de ser un recordatorio para reconocer en donde estamos, que tenemos, que aspiramos y reconocer lo que hemos recorrido y alcanzado.

Es parte de ese disfraz que nos ponemos, donde se combina un deseo desenfrenado de controlar la vida, y por otro lado el vivir pretendiendo lo que no somos, el cual ninguno añade valor a nuestras vidas.

De hecho, por el contrario,  es uno de esos momentos en donde la vida como de costumbre. nos pone a prueba y nos brinda una oportunidad de aprender nuevas lecciones, que nos ayudan a crecer y madurar.

Estar en una posición en donde podamos reconocer esa oportunidad, de por si es una bendición. Si en adicción a eso podemos aprender solo una lección de vida, se convierte en un momento mágico en donde no solamente crecemos en muchas dimensiones, sino que nos acercamos más a nuestra divinidad humanística.

Que tal si de hoy en adelante comenzamos a celebrar esas pequeñas victorias y luego nos damos a la tarea de ver cual es la próxima pregunta.

Que tal si dejamos las expectativas y el presumir que tenemos un poder que no es nuestro, y recordamos quienes realmente somos.

Que tal si en vez de estar pendiente de tener el control de algo, y seguir viviendo esa falsa ilusión, nos dedicamos a vivir al máximo cada día y seguimos siendo estudiantes eternos, ya que no somos los que hacemos las preguntas.