La farsa de la Crítica Constructiva

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“Te puedo dar una critica constructiva”
es una de las frases que últimamente escuchando cada día mas en los lugares de trabajo.

La misma se ha ido poco a poco adentrando en los pasados años dentro de las culturas organizacionales como una “herramienta indispensable” a la hora de “disciplinar” o “llamar la atención” a alguien.

Algunas empresa utilizan esta “herramienta” como parte del “Coaching” o “Mentoring” que se les da a los empleados, no solo mal informando por completo del verdadero significado de ambas palabras, sino que distorsionando lo que puede ser un excelente momento de crecimiento profesional.

Varias páginas de Internet define el concepto “como todo aquel discernimiento que solemos realizar, con el objetivo de ayudar a los demás. Se la considera como una actitud madura, responsable y llena de respeto hacia quienes esta dirigida.”

Por otro lado, hasta le ven un “valor” al concepto diciendo que la misma “se fundamenta en el propósito de lograr un cambio favorable que beneficie a todas y cada una de las personas involucradas en circunstancias o ambientes determinados, con actitud de respeto y sentido de colaboración.

Hasta en una página que se especializa en “Psicología para ser feliz” hasta la define como “aquella que te ayuda a crecer, te aporta algo nuevo, te enriquece y te potencia.”

Lo increíble de todo esto es que siguen utilizando este proceso con las mejores intensiones, pero sin estar consientes de las ramificaciones que esto está teniendo.

No se están dando cuenta de las consecuencias a largo plazo que están teniendo en la moral de los empleados, la separación que está creando entre los que la utilizan y la reciben y por supuesto la erosión a la credibilidad de la empresa.

Entendemos que las intenciones para implementar estos procesos sean unos genuinos y con las mejores intenciones de mejorar el crecimiento del empleado, pero como diría un refrán popular, “el infierno está lleno de buenas intenciones”.

Que tal si analizamos por un instante las implicaciones que la grase de dos palabras tiene automáticamente la escuchamos. Lo primero que escuchamos es una palabra (crítica) que se define como “juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte; censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien”.

Ahora que tenemos claro el significado de la primera palabra de esa celebre frase, ¿usted no cree que hay un disloque en esa frase?.

Para nosotros existe una contradicción evidente que es percibida en el cerebro que es quien automáticamente escucha y registra.

Solo analicen, si nosotros inmediatamente reaccionamos a las palabras, no creen que en el momento que escuchamos la palabra “crítica”, ¿no se van a activar las defensas mentales inconscientes, ya que nos sentiremos atacados?.

Subsiguientemente, nos aislará de toda posibilidad de dialogo, quemando los puentes de comunicación y sobre todo, afectando la autoestima del ser humano.

Lo que se supone que fuese un proceso de re-educación, para edificar o mejor dicho para seguir “creciendo profesionalmente”, está siendo distorsionado y está contribuyendo a la separación e exclusión.

Entendemos que en vez de estar “haciendo la diferencia”, estamos re-empaquetando las mismas tácticas de regaños , de señalar, que no llevaban a nada positivo. Es simplemente una burda farsa.

Que tal si en vez de estar haciendo las cosas que están “in”, comenzamos a ocuparmos, como por ejemplo resaltar las grandes y las pequeñas contribuciones que se van haciendo diariamente, para que se vayan registrando en el cerebro y vayan teniendo un efecto positivo en el compañero de trabajo.

Que tal si comenzamos a dialogar francamente, sin agendas pre establecidas y así vamos escuchando el sentir de quienes están en el frente de batalla. Esto creando un terreno fértil para que la confianza continúe creciendo.

A su vez, continuamos construyendo avenidas en donde la comunicación efectiva vaya y venga de ambas partes y por ende, dejando abierta la puerta para que nuevas ideas sean escuchadas desde otra perspectiva.

Que tal si en vez de estar tergiversando la “buena intensión” para el cambio, comenzamos a redefinir las verdaderas intenciones colectivas, revisitamos los objetivos individuales, estimulamos la inclusión, reajustamos las realidades de cada perspectiva y expandimos en las fortalezas existentes.

Que tal si hacemos un detente y recordamos la parte esencial que nos une a todos nosotros, nuestra humanidad, esa que no tiene un manual, no se compra, sino que se recuerda y se pone en práctica.

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