Mendigos de la vida

En un artículo del Havard Business Review un psicólogo que es columnista de esta publicación planteaba como la sociedad esta contribuyendo a que los “mendigos” de la vida, entiéndase las personas sin hogar, continúen en las calles.

El psicólogo explicaba una teoría basada en un ciclo muy interesante, en donde el plantea como la sociedad desea erradicar un mal, pero a su vez es parte de la raíz del problema.

Daba un ejemplo, indicaba como las personas sin hogar o sin techo se la pasan diariamente mendigando en las calles porque necesitan dinero para comer, sin embargo existe un alto porcentaje de esas personas que lo utilizan para comprar alcohol o drogas.

En su disertación explicaba como la sociedad entendía que estaba trabajando con la situación dándole dinero, ya que era una especie de “alivio” a ellos momentáneo. A su vez, las mismas personas entrevistadas confesaban después de un rato que lo hacían porque se sentían hasta cierto punto culpable que no podían hacer nada más.

Al final del artículo del profesional de la conducta humana, indicaba que nunca se pudo probar en el estudio, si el dar dinero era mas fácil o difícil; si ese era la raíz del problema o era parte de mantener el mismo; pero lo que si se pudo concluir era que esa no una solución viable.

Días mas tarde tuve la oportunidad de desayunar con una persona a quien consideramos un mentor, una persona que en vez de estar dándoles dinero en las calles a estas personas que por alguna razón u otra están en esa posición, ha encontrado una posible solución.

Él nos contaba que hace unos años atrás él se percató de lo que el psicólogo planteaba en su articulo y que el decidió implementar o utilizar una método alterno que ha sido muy exitoso. El mismo fue basado en esa famosa frase que dice “…puedes llevar al caballo al rio, pero no lo puedes hacer beber”.

Este joven retirado de haber trabajado para multinacionales toda su vida en el campo del mercadeo, nos comentaba con café en mano que el creo una organización sin fines de lucro que consigue por medios de sus relaciones personas que necesiten hacer arreglos en sus casas.

Inmediatamente que el identifica un posible cliente el “recluta” a una persona que no tiene un hogar, pero que tiene las destrezas básicas para poder suplir con la necesidad del cliente y los pone a trabajar.

Pero no se queda ahí, él les da trabajo, les consigue una vivienda transitoria por el periodo de tiempo que están trabajando, los orienta en cuanto a los beneficios que tienen por ser personas “indigentes”, entre otras maravillosas cosas que hace por ellos.

El resultado ha sido uno maravilloso, que no puede ser medido bajo ningún concepto, ya que en el proceso hasta literalmente ha salvado vidas.

Confesamos que desde que leímos el artículo hemos estado en la introspección personal muy profunda y hemos comenzado a hacer un análisis profundo observando los dos puntos de vistas.

Ambos, el contribuir a su permanencia en las calles dándole dinero o hacer una contribución directamente a una organización que brinde servicios directos a estos ángeles, son actos que cada uno de nosotros en algún momento hemos sido participes en algún momento de nuestras vidas.

Pero que tal, si desde hoy fuéramos a profundizar un poco mas allá de lo que lo hacemos diariamente y nos preguntáramos, que en vez de estar quejándonos que existe ese “mal”, por que no actuamos y somos parte de la solución, con tan simplemente hacernos responsables de nuestras acciones.

¿Quién es más mendigo, aquel que pide o aquel que no le brinda una solución real?

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