Corriendo por una causa

Este pasado fin de semana se celebró un evento en donde miles de personas con un fin común estuvieron dispuestos a correr por una causa. La excusas eran muy individuales y variadas, pero cada una de ellas tenían un denominador común, el cáncer.

Unos eran sobrevivientes, otros están actualmente en el proceso de lucha en contra de él, otros han sido afectados directa o indirectamente, pero en la inmensa mayoría todos habían sido tocados de alguna forma u otra y hasta estaban aquellos que simplemente solo estaban siendo solidarios.

La lluvia fue la primera en decir presente, llegó de la nada para –como es su costumbre- empapar a todos los presentes y contribuir en darles un poco de alivio del calor infernal que permeaba allí.

Después como si se hubiese ensayado se formó una hermosa fila de voluntarios en la entrada de la carrera, con el simple propósito de celebrar a todos aquellos sobrevivientes que se habían dado cita. Los mismos fueron recibidos con cánticos de alegría y vitoriados con entusiasmo, ya que eran el vivo ejemplo del porque las personas estaban allí.

Ya a eso de las 4pm la lluvía se había alejado, el calor había mermado, los ánimos estaban inquietos y las almas de las miles de personas estaban listas para caminar y/o correr por una causa.

Una electricidad increible se sentía en el ambiente, cada una de las personas estaban ocupando un espacio significativo y muy personal en aquella actividad.

Ya la línea de salida estaba llena, se sentía la impaciencia colectiva de los corredores, la emoción de los sobrevivientes y la espectativa de aquellos que estaban allí con el propósito de recordar a alguien querido.

Al escuchar la detonación de la pistola fue la señal para que miles de emociones se liberaran y se manifestaran como quisieran. Unos estaban en competencia con ellos mismos, en donde como parte del ritual del recordatorio era terminar la carrera como símbolo que el espíritu no está vencido.

Habían familias enteras que caminaban junto a los sobrevivientes, celebrando esa segunda oportunidad de volver a nacer. Otros simplemente mostraban en sus espaldas y en sus pechos nombres de seres de luz que ya no estaban en esta existencia, pero que aún están presentes en sus almas.

Cada kilómetro era una experiencia única, se veían ancianos caminando con una alegría contagiosa, las empresas dijeron presentes en camisetas de colores que decían estamos aquí.

A su vez, estaban aquellos que con la cabeza raspada que sin palabra alguna se notaba que solo tenían un objetivo claro, demostrar que están dando el todo por el todo en la batalla actual y que pase lo que pase, iban a conquistar el reto de ese dia, llegar a la meta.

El día fue uno mágico, no solo por las múltiples historias de grandeza y de superación que se escuchaba en cada esquina, sino por que un pueblo se unió para demostrar que esta lucha no es una individual, es una colectiva que se camina junto y que la misma la estamos ganando.

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