Recordando a la Humanidad

Este fin de semana se cumple una década del trágico episodio que la humanidad experimento a principios del siglo 21, el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York.

La inmensa mayoría de los medios de comunicación se han concentrado esta pasada semana en revivir, resaltar y narrar las ocurrencias y vivencias de los protagonistas de este evento que cambio la manera de ver al mundo.

Las historias han ido desde el hispano que trabajaba en los restaurantes alrededor de las torres, del atleta que trabajaba en una casa de corretaje y en el momento de la tragedia se convirtió en un héroe de 15 personas que se conocen que fueron salvadas por él.

Hasta el productor Steven A. Spielberg aprovechó y realizó un magistral documental de la construcción que se lleva a cabo de la primera torre, en donde estaba ubicada una de las torres gemelas.

El evento de esa mañana fue uno sin precedentes en la historia de la humanidad, no solo afectó directamente a cientos de miles de familia que perdieron a sus seres queridos, sino que fue un evento en donde los medios de comunicación tuvieron la oportunidad de cubrirlo en vivo y de ser ellos a su vez protagonistas y del dolor que un libreto jamás hubiese podido imitar.

A su vez, este evento demostró que la humanidad está viva, que siente y padece, que todavía no somos robots del mundo consumerista, que en momentos de tragedia extendemos la mano a aquel que la necesita y nos sacrificamos por el extraño, sin pensar en las consecuencias.

Ese día la ciudad que no duerme, de la cual la mayoría de la gente –que no vive allí- dice que es fría y cruel, se convirtió en cuestión de segundo en la ciudad de esperanza, en donde los actos de bondad, desprendimiento y heroísmo eran la orden del día.

Esas semanas de recuperación las religiones no existían, el color de todos era el dolor colectivo y el único idioma que se hablaba, era ayudar a todos por igual.

Ese evento demostró nuevamente que el mundo en el que vivimos todavía el espíritu de la humanidad está latente en nuestro DNA, que son esos momentos de crisis que no nos explicamos el porqué, nos une y nos olvidamos de nuestra individualidad y nos convertimos en uno.

Hoy al hacer una introspección, no del desastre, sino de aquellos seres humanos –los héroes anónimos- que respondieron a ese momento determinado con: valentía, desprendimiento, sin protagonismos, con una sola voz, con compasión, con sensibilidad, con un compromiso que va mas allá del deber patriótico; deseamos honrarlos a ellos, a cada uno que dieron de lo que no tenían y dieron de lo que les sobraba.

A esos héroes anónimos que nos demostraron que sobre cualquier tragedia o situación somos todos uno, nuestras gracias ya que nos dieron esperanza de que la humanidad esta viva.

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