Altruismo en su máxima expresión

Hace unas semanas atrás una amiga nos comentaba como ella había sido testigo de un acto altruista el cual impactó su vida.

Nos contaba que el acto ocurrió en medio de una autopista en la locura de un viernes, en donde las personas están tan desesperadas por llegar a donde necesitan llegar que cambian de un carril a otro, sin darse cuenta de que se están quedando en el mismo lugar.

A su vez, se pasan tocando bocina a todo aquello que les pasa por el medio sin discriminar y están aquellos que practican la pantomima, haciendo gestos con sus labios y manos cuando alguien se les cruza en el medio.

En medio de toda esta locura, no podía faltar el factor esencial para que el tráfico se paralice, estaba lloviendo, pero esta vez estaba como si las represas del cielo se hubiesen puesto de acuerdo y abrieron las compuertas todas a la vez.

Después de estar una hora sentada solamente escuchando programas que no añaden nada intelectual, de la nada el auto que estaba frente a ella puso las luces intermitentes.  En cuestión de segundos su paciencia –que ya estaba siendo puesta a prueba- se esfumó inmediatamente y le dio paso a todas las maldiciones que uno pueda pensar en una situación como esta.

Mientras ella estaba en el proceso de sacar todos aquellos pensamientos negativo de su mente, se percató de que el señor que segundos antes había puesto las luces intermitentes, se estaba bajando de su camioneta vieja en medio de un aguacero interminable.

Observó como este señor de unos 50 años de edad, en jeans y una camisa de manga larga y con botas le pasaba por al frente de su auto indicándole que le diera un segundo.

El simple acto la puso de un humor horrible, ya que como era posible que este señor tuviera la osadía de bajarse del auto en medio de este caos y a su vez decirle a ella que lo cogiera con calma, cuando sus niveles de tolerancia estaban en casi cero.

En cuestión de segundo vio como este señor fue directo a la parte trasera del auto que estaba justo a su lado derecho. Su respiración se interrumpió de momento, ya que ella no se había percatado que el auto a su lado estaba confrontando problemas.

Al percatarse de este acto altruista, el cual se estaba realizando en medio de la locura del tráfico, en donde estaba lloviendo copiosamente y sin tener alguna relación con la persona, experimentó como su mal humor se esfumó, su alma se engrandeció y la crítica, se convirtieron en palabras de elogio para aquel extraño.

Ese día, no solo ella aprendió una gran lección de vida, sino que ese simple acto le enseñó a que uno debe de ser más paciente con el prójimo, a no juzgar y sobre todas las cosas, a ser más tolerante con los demás.

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