¿Tienes tu Salvavidas?

¿Cuántas veces has querido salvar a alguien?  ¿Cuántas veces has sentido la necesidad de darle un consejo a alguien que está pasando por un mal momento?

Sé que estás leyendo estas simples preguntas y en solo micro segundos te han llegado a la mente por los menos dos novios (as), unos cuantos familiares, una lista interminable de amigos y sin contar con la gente que te encuentras diariamente, que inconscientemente –o consiente- deseas salvarlos.

Es más, estoy seguro que ayer o antes de leer esto estabas hablando con alguien que está pasando por un momento difícil en su vida y tú le estabas dando un consejo. Le estaba diciendo que hacer o que no debería de hacer para que la situación que está pasando concluya.

También estoy seguro que mientras estabas haciendo eso sentiste que eras una persona importante en la vida de esa persona, te sentiste útil, sentiste que le estabas haciendo un favor a esa personas, hasta quien podría decir pudiste haber sentido en algún momentos de la conversación que estabas haciéndole un bien a la humanidad.

No tomes lo que estoy diciendo como una crítica, ya que no lo es, estoy simplemente expresando como me he sentido en diferentes momentos en donde me he encontrado en esa situación e donde estoy tratando de resolverle la vida a alguien, cuando la mía se está en el piso.

Esto lo he visto en mi entorno toda la vida en donde hay personas que le resolvían la vida a los demás, pero quienes conocían a esas personas, sabían que en su plano personal estaba hecho un desastre.

Estoy seguro que cada uno de nosotros conoce a alguien así, que se la pasa toda una vida dando consejos y tratando de salvar la vidas de las personas a sus alrededor, pero no trabajan o se encargan de la de ellos y se están muriendo poco a poco por dentro.

Hace unas semanas estaba sentado en Lincoln Road compartiendo con una amiga que hace meses que no veía, así que la invite para que nos viéramos y nos pusiéramos al día con nuestras vidas.

Durante la conversación empecé compartiendo las novedades en mi vida y cuando en la conversación llegó el momento de hablar de lo que estaba pasando en la vida de ella, me percaté que estaba cerrada, que no quería hablar de sus cosas, la sentí que me estaba evadiendo.

Yo seguí la conversación y dejé por unos minutos que ella preguntara lo que ella quisiera y se empezó a enfocar en cuáles eran las decisiones que tenía que tomar, me empezó a dar las mil y una soluciones a todas y cada una de mis situaciones que le había compartido.

Al rato de dejar que ella se manifestara, sin decirle una palabra le tomé la mano y le dije, tu sabes que yo te quiero mucho, que te respeto como el ser de luz que eres y que aprecio tu amistad un montón, pero ¿porque estas tratando de tirarme un salvavidas, si yo no me estoy ahogando?

Ella se quedó en una pieza, hasta por poco se atraganta, ya que tenía algo en la boca, e inmediatamente me dijo “de que estás hablando”. Le dije, que sabía que ella estaba pasando por momentos difíciles y respetaba que no quisiera compartirlos conmigo, ya que me había percatado que llevaba varias semanas sin llamar y medio desaparecida, y eso en su caso eran síntomas que de algo anda mal.

Efectivamente después de un rato de evadir la conversación, empezó a describir las diferentes situaciones que ella está atravesando en su vida sentimental, con su familia, en fin se confesó en cuestión de segundos que estaba ella hecha un desastre.

Pongo esto como ejemplo ya que me puse a pensar que sería productivo para nosotros mismos y para la sociedad a la cual pertenecemos, de reconocer que la actitud de mi amiga de evadir y tirar un salvavidas a otros es un sentimiento colectivo que esta en nuestro DNA.

Que el mismo nace de una necesidad como sociedad de enfocarnos en las situaciones de los demás, para así no tener tiempo o ponerlo como una excusa para no ver realmente lo que está pasando en nuestras vidas.

Es simple, todos tenemos una necesidad como ser humano de sentirnos amados, de ser reconocidos, de saber que somos importantes para otra persona, pero esa necesidad nos ha llevado por los pasados tres mi años a hacer cosas extremas para obtenerlas.

No estoy diciendo que ese simple sentimiento sea malo o bueno, es simplemente que reflexionemos si estamos tirando salvavidas constantemente, para que antes de decirles a otros lo que deben de hacer o no hacer, saquemos el tiempo de sanar nuestras heridas, trabajar nuestras situaciones, antes de hacerlo con el prójimo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s