Celebrando la Vida

Buscando el significado de la palabra MUERTE encontré: “la muerte es, en esencia, la extinción del proceso homeostático y por ende el fin de la vida, opuesto al nacimiento” y su vez, esta frase me encontró “No hacer algo por miedo al fracaso es como suicidarse por miedo al morir”.

En estos días esta palabra ha estado muy presente, ya que mi “padre prieto” –como de cariño le decía– realizó con éxito la trascendencia de este mundo. Durante los cientos de miles de minutos que estuvo presente en mi vida, lo que más recordaré es como fue un vivo ejemplo de que uno debe de vivir la vida cada día como si fuese el último.

Solo imagínate un ser humano de 6 pies de altura, con unas 300 libras, con un tono de voz agudo y muy particular al hablar el cual retumbaba en cada una de las paredes en donde estaba y no podía faltar su “ruidosa” risa jovial, la cual salía de su gran corazón.

Parlanchín, mejor amigo de Juanito el Caminante, vendedor de profesión y amante del buen vivir por elección. Ciudadano honorario de la República al oeste de la isla del encanto. Su inspiración era ser el mejor abuelo del mundo, fiel creyente que uno camina con la frente el alto y sin doblar rodillas –legado que dejó arraigado claramente en sus hijos–; arriesgado en sus proezas, aunque el caerse era una opción real; son algunas de sus características que vienen a mi mente al recordarlo.

Mientras estábamos en el proceso interminable, y hasta en momentos parecía que el tiempo se movía en cámara lenta, me vinieron muchas de las escenas en donde él estuvo presente en mi vida. Pero la que más me hizo reír fue cuando alguien del clan de “Happy World Condo” celebraba su cumpleaños. El, sin que se diera cuenta, creó una tradición sin precendente de dar una nalgada por cada año que uno cumpliera.

Da la “causalidad” que siempre lo encontrabas siendo el primero en la fila con sus “manopla” –sus manos parecía un sartén, de lo grande que eran– preparada para darnos una nalgada por cada año que cumplíamos. Su tradición no discriminaba, iba por encima de color, raza y sexo; él lo hacía cumplir como una ley escrita en piedra, ya fueran los dos años que cumplía Héctor, los 20 de Mónica o cualquiera de sus dos hijos.

Hoy esa tradición que él comenzó la veo como una anécdota más dentro de cientos de otras que diferentes personas compartieron con sus hijos y con su incansable compañera del “chilingui” en estos días.

Al reflexionar y hacerme la pregunta de ¿Como el impactó mi vida? como escribí hace unos días atrás, lo que me vino a la mente inmediatamente fue como me enseñó a que uno no le debe de importa lo que las otras personas opinen de uno, ya que uno no es un billete de $20; el respetar a las personas mayores y sobre todas las cosas, el ser fiel a nuestras convicciones.

Hoy recuerdo brevemente su legado, pero mejor aun, hoy me siento al frente de esta computadora recordando aquella noche en donde ambos estábamos sentados frente al féretro de mi abuelo, aquella primera noche que lo velábamos.

Días antes el había dado el duelo a su padre. De la nada, empezamos a compartir anécdotas de su padre y de mi abuelo, intercambiamos en solo minutos grandes risas, alegrías, momentos importantes y hasta situaciones que marcaron nuestra vidas.

Ese preciso momento fue uno que jamás borraré del baúl de mis recuerdos, ya que ese día nuestros corazones heridos por la partida de seres muy queridos, se unieron en la risa y no en el dolor.

En ese momento no había dos seres humanos, había solo un gran corazón unido por dos seres lleno de amor que estaban celebrando la vida.

Hoy te invito a que reflexiones no en el proceso de transición –la muerte- sino a ¿Qué estás haciendo hoy para vivir tu vida al máximo? ¿Qué podrías hacer hoy que no has hecho aunque siempre has querido? ¿Que harías hoy si fuera el ultimo día de tu vida?

Concluyo con estas palabras que van como al anillo al dedo…“La vida son las vacaciones de la muerte, aprovéchalas, sólo hay una”.

One thought on “Celebrando la Vida

  1. Norma

    Después de reflexionar se que en momentos de mi vida tomé decisiones que me llevaron por caminos que entendía en ese momento eran mí felicidad, pero la realidad me alejaban de la felicidad. En esos momentos elegí lo que creí mejor, pero he conocido las consecuencias de esas elecciones, aprendí de ellas y soy una persona más madura, y sobre todo me di cuenta que me equivoqué.

    Cada persona es un mundo y cada uno tendrá su propio secreto para ser feliz. La felicidad está cerca esperándonos, sólo tenemos que ir por ella usando nuestros criterios y nuestras propias sensaciones que nos irán diciendo cuándo estamos en el buen camino para encontrarla. He tardado años en aprender esta lección, espero no OLVIDARLA. No nos damos cuenta pero en nuestra vida existen muchos momentos de felicidad; aquellos momentos al compartir en familia, aquellos que podemos vivir y disfrutar cuando estamos enamorados, al contemplar la naturaleza, al abrazar a alguien, al compartir con amigos, cuando hacemos una buena obra, cuando ayudamos al necesitado y al caído, cuando viajamos a una nueva cuidad, y cuando experimentamos algo nuevo. La felicidad radica no en lo que tenemos sino en lo que disfrutamos.

    Aprovechar el tiempo al máximo. Ser más abierta y conocer a todas aquellas personas las cuales antes no lo haría. Que cada día que me da la vida es una oportunidad única de amar, de vivir, de luchar, de amar, de creer en lo imposible, de soñar y de ser uno mismo….

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