La obsesión de mirar hacia abajo

232f880aaabd8746cedb7bc96f9236d598279280Estamos obsesionados con mirar hacia abajo. Estudios calculan que estamos mirando a una pantalla (celular, tableta o computadora) un promedio de unas 6-10 horas diarias.

La realidad es que no importa en que ciudad estemos o el lugar, la cantidad de personas que caminan como zombis embrujados con un aparato electrónico en sus manos es alarmante.

Caminan por osmosis, saludan en automático como robots y actúan como si fueran de otra galaxia. Están más conectados con el mundo cibernético y desconectados del mundo material que los rodea.

Tienen cientos de amigos en línea, con la que están horas interminables interactuando digitalmente y por otro lado tienen cada día menos contacto físico.

El virus del ébola y el chinkunkuja que aunque las teorías indican que es una manera de “reducir la población mundial” o de “hacer mas ricas a las farmacéuticas”, por lo menos están recordándoles a miles la bendición del contacto físico que caracteriza a la humanidad.

Sus sentidos están siendo inhabilitados como nunca antes en la historia. Por medio del bombardeo continuo y sin escrúpulos, que viene del mercadeo incansable que se vive en el siglo 21.

A su vez, cada vez son menos las personas que se están percatando como están siendo manipulados por un puñado de empresas. Estas, lo único que desean hacer es permanecer en una supremacía falsa, que se traduce en la dominación del dios dinero, y llegando al punto de sacrificar vidas humanas.

imagesAunque los antropólogos han indicado que los últimos 5 años de la humanidad han sido los más documentados que ninguna otra época, y aunque estemos más conectados que nunca, hemos notado el incremento de este estado catatónico, en donde las personas entran en un “transe colectivo” que los inhabilita de pensar, razonar y de discernir.

Es como un estado mental, en donde todo esta dado, no hay espacio para errores, hay una prisa insaciable, una excusa interminable, una falsa impresión que hay que hacer más con menos, ya que estamos en una “crisis permanente”, sin que nadie pueda dar una explicación válida de lo que eso significa.

Vivimos en una ansiedad ilimitada, por la exagerada exposición a tanta información. El silencio ya está puesto en la lista de animales en extinción y el tener espacios en nuestro diario vivir en donde no hagamos nada, es visto como una pérdida de tiempo.

A esto le añadimos el desespero colectivo que se ha creado, en donde la necesidad que les digan como de hacer las cosas, es abrumador.

Es una obsesión de conocer el como, ha hecho a unos millonarios y por ora parte a creado una población co-dependiente del conocimiento que “supuestamente” tienen unos solos y creando una falsa expectativa que otros te tienen la repuesta.

Poniendo en duda lo que los grandes maestros nos han expresado desde que el mundo es mundo, que tú tienes las respuesta a todas tus preguntas y que nuestra conciencia sabe más de lo que le damos crédito.

Que si no tuviéramos tanto ruido se nos pudiera revelar todo, simplemente si no tuvieras tanto ruido obstruyendo el proceso de ser un humano.

Hoy día no importa quien lo creó, de donde salió, es una acción que va en total desacuerdo con la funcionalidad del consciente colectivo, de esa fuerza divina que nos da todo, sin importar el tiempo y espacio.

El simple acto de mirar hacia abajo es un proceso selectivo que impide el flujo normal de las enseñanzas o lecciones de vida, las mismas las cuales son una parte esencial del porque estamos en esta existencia.

El mirar hacia abajo no nos dará lo que estamos buscando, no nos conectará con eso que es innato en nosotros. Eso no nos dará ni el como y mucho menos el porqué.

Que tal si desde hoy comenzamos a dejar de mirar hacia abajo y comenzamos a recordar que mirar hacia los lados, hacia arriba y sobre todo el mirarnos a los ojos, es recordar el porqué estamos en esta existencia.

Que tal si nos damos permiso para sentir libremente quienes realmente somos sin interrupciones.

Que tal si nos damos la oportunidad de que nuestros sentidos vuelva a su estructura inicial, y se conviertan en nuestra brújula para conectarnos nuevamente a la divinidad que vive en nosotros.